Etiquetas

domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 3


—¡Hey, Lali!
Me tropiezo y casi caigo con esas palabras, trayendo una ronda de risas burlonas desde algún lugar cercano. Miro hacia atrás y veo a Peter observándome. Si no lo supiera mejor, juraría que casi tiene una mirada de preocupación en su rostro. Me alejo deprisa, sosteniendo mis libros más fuertemente. ¿Qué quiso decir con eso? me pregunto. Su tono de voz sonó neutral, casi amistoso. Realmente pensé que no habría nuevos juegos que podrían lanzar en mi camino, que he sufrido cada posibilidad de humillación. Estaba equivocada. Considero seriamente el saltarme la clase de fotografía, pero no me atrevo.Cuando entro, él está sentado en nuestra, ahora, mesa compartida. Eso es suficientemente malo, pero está rodeado por dos chicas y otro chico. Conozco a las chicas, son porristas populares, pero de las que me dejan en paz. El chico es uno de los que solían atormentarme constantemente a través de la escuela secundaria. Ahora está en el equipo de futbol y no me ha molestado mucho en los últimos años, pero eso no me consuela, exactamente. Me debato entre sentarme en otra mesa, pero una rápida mirada me dice que no hay asientos disponibles que sean mejores que al lado de él.
—¡Lali! —me llama mientras me saluda con su mano. Me detengo, congelada en seco. Las dos porristas me miran fijamente con la boca abierta, y el jugador de futbol mira a Peter como si le hubieran crecido dos cabezas.
—Está bien, gente, tomemos nuestros asientos —ordena el Sr. Hurley, nuestro maestro.
Estoy obligada a tomar mi temido asiento junto a Peter, quien me sonríe abiertamente. Me estremezco y me doy la vuelta.
—Tengo papeletas aquí para aquellos que califiquen para almuerzos gratis o a precio reducido para excluirlos de los honorarios de la clase.
¡Oh, no! Mis mejillas arden para lo que sé que viene. Efectivamente, él se acerca y deja uno directamente delante de mí. La vergüenza inunda mi cuerpo por la humillación de tener a Peter viendo esto.
—¿Quién más? —dice el Sr. Hurley, agitándolos en el aire—. ¿Nadie? Muy bien entonces, para el resto de ustedes, necesito un recibo que demuestre que han pagado sus cuotas a la oficina principal antes de los exámenes parciales. ¿Belen? —Una chica de la primera fila lo mira—. Pasa éstos a todos por mí. —Y le pasa el montón de papeletas.
Belen se pone de pie y comienza a entregar las papeletas mientras el Sr.Hurley se traslada a la parte delantera del salón para comenzar la clase. Mientras ella se acerca a Peter, le entrega la papeleta con una sonrisa, claramente indicando su interés en él.
—Hola Peter, soy Belen. —No hay duda por su tono de voz que está siendo más que amable. Él hace una cosa extraña, me da una mirada y rápidamente la retira. Le sonríe cortésmente, desviando la mirada.
La sonrisa de Belen se endurece mientras me mira. Luego se da la vuelta con fuerza, con burla en cada línea.
—Toma fenómeno —ella se burla, entregándome la papeleta, y entonces la retira lejos—. Oops, lo siento, olvidé que no necesitas una de éstas. 
Se ríe cruelmente, mirando a Peter, esperando que se una a la broma. No puedo ver su rostro porque se ha dado la vuelta ligeramente lejos de mí hacia ella, eso y el hecho de que estoy agachando la cabeza, tratando de ocultar mi rostro, pero también tratando de ver su reacción. Así que no puedo ver lo que ella ve, pero cualquier cosa que sea, congela su risa. La sonrisa cae de su rostro y traga con fuerza, con las mejillas encendidas mientras se aleja. Peter se vuelve hacia mí, pero rápidamente me inclino hacia delante, tirando mi cabello suelto como un escudo, mortificada por todo el intercambio. Me pregunto cuán difícil va a ser cambiar mis clases ahora.

***

La escuela se vuelve aún más un ejercicio de tortura, a pesar de que no hubiera imaginado eso posible, porque él ha sido añadido a la mezcla. Sentarme al lado de Peter en Fotografía es lo peor, porque siempre se sienta y me saluda como si fuéramos amigos. Casi todos los días estárodeado por otros, y, o él es completamente ajeno a su apariencia mientras me reconoce, o simplemente no le importa. Sé lo que se propone porque no es exactamente un juego nuevo. Él es sólo mejor en eso que aquellos que han intentado lo mismo antes. Lograr que la fenómeno piense que eres su amigo, así poder obtener una mayor humillación. No aprendí eso a la primera, y fui engañada una segunda vez, pero no he caído en esa trampa de nuevo, y no lo haré ahora. Antes nunca, sin embargo, había parecido algo personal de alguna manera. Sé que los otros no piensan en mí como una persona real, así que aunque duele, no es la cosa más devastadora. Esto es peor porque, él había sido mi amigo una vez, y tal vez incluso algo más. Tengo que admitir, que parte de esto es por lo que pensé que él era mucho mejor que el resto. Es una dolorosa realidad el ver que no lo es. En fotografía se sienta, a veces tratando de iniciar una conversación, pero me mantengo dándole la espalda y me niego a dejarme arrastrar, ignorándolo con firmeza, manteniendo mi cabello entre nosotros. Aun sabiendo lo que se propone, no puedo evitar sentirme atraída por él, a pesar de mi misma. Debido a nuestra historia, supongo. Así que lo observo a escondidas, sólo a sus manos, primero, mientras arrastran un bolígrafo a través de la página, mientras toma notas detalladas. Sus manos son grandes, formando una escritura limpia y no los garabatos desordenadosque la mayoría de los adolescentes crean. Son manos fuertes, con dedos largos y uñas recortadas y limpias, y una pequeña cicatriz en el dorso de su mano derecha. Él es zurdo, pero no escribe con su mano en un ángulo incómodo que he visto en otros zurdos. Más bien, sostiene su mano en el mismo ángulo que alguien diestro, sólo que al revés, a pesar de que casi pone de lado la página para escribir. Algunas veces, incluso dejo que mi imaginación vuele e imagino a su mano derecha cicatrizada, alcanzando la mía y envolviéndola en la de él. Me pregunto si serán cálidas o frías, suaves o ásperas con callos. No puedo recordar cómo se sentían hace todos estos años. No he sido tocada en una manera amable por manos masculinas por tanto tiempo como puedo recordar, probablemente desde la última vez que él sostuvo mi mano, aunque estoy segura de que hubo un tiempo en que mi padre me tocó con amor. Lo más inquietante de todo, es la fantasía de la bondad de él. Entonces recuerdo lo que Peter se propone, esa bondad ha muerto y esas manos nunca me tocarán con nada más que con un propósito de humillación, o peor, con repulsión. Cada día después de clase, huyo del salón y del edificio, esperando hasta que estoy más allá de los límites de la escuela para reducir la velocidad.

***

Las primeras semanas de escuela pasan, y a pesar de que Peter ha dejado de tratar de iniciar una conversación, todavía dice ―hola― cada vez que llega. Nunca le respondo, pero cuando él no hace más movimientos, comienzo a relajarme y no me siento tan lejos en el borde de mi asiento. No ha hecho ninguna broma a costa de mí, al menos no que yo sepa, y no ha tratado de humillarme públicamente. Curiosamente, parece como si los demás estudiantes, quienes antes disfrutaban atormentarme, están perdiendo el interés en el juego también. No todos ellos, por supuesto, pero algunos de ellos. Entonces un día, mientras Setiembre da paso a Octubre, el aire comienza a enfriar, y las hojas comienzan a volverse de un amarillo brillante, algo comienza a cambiar todo de nuevo.Me siento en el almuerzo, en mi lugar habitual en un rincón en el suelo, comiendo mi almuerzo gratis patrocinado por el Estado, cuando Peter llega y se sienta en la mesa más cercana a mí. Me congelo en el acto de llevar un palillo de pan a mi boca mientras se sienta en la mesa, que suele estar reservada para encajonar a todos los ―perdedores― de la escuela…aunque obviamente, todavía no son tan grandes perdedores como yo, porque por lo menos ellos tienen una mesa. Él se vuelve hacia mí, mirándome directamente. Miro fijamente a sus ojos verdes, la primera vez que he hecho contacto visual con él desde el primer día de clases. Una carga eléctrica corre a través de mi cuerpo. Con cada nervio de punta, y le roba un sonrojo a mi cuerpo, con calor fluyendo a través de mi abdomen. Claramente reconozco la lucha o la sensación de volar. Él parece estar esperando por algo, pero no puedo respirar, y mucho menos pensar en lo que podría querer. Él baja su bandeja sin romper el contacto visual, y luego da un paso hacia mí. Eso me derrite. Volar, eso es. Peleo con mis pies, negándome a esperar y ver que podría hacerme o a mi comida. Él llama mi nombre, pero ya estoy corriendo hacia la zona de dejar la bandeja y tirar mi preciado almuerzo sin comer. Me tropiezo en mi prisa y casi dejo caer mi bandeja, ignorando las risas burlonas cerca de mí, junto con los insultos de ―idiota― y ―fenómeno―. Ni siquiera veo de quiénes
vienen. Esas palabras ya no significan nada para mí, pero al saber que él está viendo probablemente mi torpe retirada, hace que mis mejillas quemen brillantemente. Me salto el resto de mis clases. Sólo me he saltado clases una vez en la escuela secundaria, cuando el ridículo había alcanzado la extrema crueldad, particularmente por una chica ruda, y había estado temerosa por mi vida, así que dejé temprano la escuela y fui a casa. Pero cuando la escuela llamó a mi casa para informar a mi madre que me había saltado las clases, había estado en uno de sus días violentos. Había tenido que regresar a la escuela al día siguiente con un ojo negro, un labio hinchado, con dolor en las costillas que se sentían posiblemente rotas, y marcas rojas de dedos en mi cuello donde el aire a mis pulmones había sido cortado poco antes de perder el conocimiento. Cuando regresé, la chica dura me vio, y alguna forma de reconocimiento y de parentesco había brillado en sus ojos. Después de eso ya no me dio un tiempo difícil. De hecho, creo que había una posibilidad de que hubiera dado la señal para que me dejaran en paz, porque nadie me dio un tiempo difícil después de eso por algún tiempo. Entonces ella fue arrestada y llevada al reformatorio, o eso he oído, y dentro de poco fue olvidada. Yo no lo fui y se reanudó la persecución. En este día, siento que vale la pena el riesgo. No puedo hacerle frente. Y me siento por lo menos un poco segura ya que no tengo un teléfono de cualquier tipo, así que mi ausencia no requerirá una nota en el correo. Soy yo la que tiene que traer el correo, así que no será mucho el deslizarlo y tirarlo en la basura antes de que pueda ser visto. Me gustaría poder ir a casa y columpiarme, pero no puedo arriesgarme a ser vista por mi madre, así que me escondo en un bosque espeso de árboles que crecen cerca de mi casa, hasta que la escuela termine y me vea obligada a volver a casa. Por mucho que desee ir en contra, sin embargo, otro día viene y tengo que levantarme para ir a la escuela. Tenía la esperanza de que él me dejaría en paz, pero en el almuerzo lo veo de nuevo viniendo hacia mi rincón. El hambre prevalece sobre el miedo, ya que no tuve cena de nuevo ayer por la noche, y me enrosco protectoramente sobre mi bandeja cuando lo veo venir. En lugar de mirarme directamente o venir en mi camino, simplemente se detiene en la mesa y se sienta. Los pocos estudiantes que están reunidos en la mesa, lo miran como si una serpiente se hubiera sentado con ellos. Observo, mi cuerpo todavía encorvado protectoramente sobre mi bandeja mientras coloca su servilleta sobre su regazo, se asegura de saludar a cada persona sentada ahí, presentándose a sí mismo como si cada uno de ellos no fuera consciente a sobremanera de quién es él. Habría que estar ciego o sordo para no saber quién es Peter Lanzani. Él definitivamente no ha perdido su capacidad para atraer a otros a sí mismo sin siquiera intentarlo. A los pocos días de su regreso a la escuela, se había vuelto popular, buscado como antes, por los chicos para ser su amigo, y por todas las tontas, desmayadas chicas para ser mucho más. Después de un momento de silencio, reanudaron sus conversaciones, ignorándolo principalmente, pero mirándolo ocasionalmente como si se preguntaran por qué estaba él ahí. Un par de amigos de Peter pasearon cerca, mirando a los que estaban ya
sentados, y luego mirando a Peter para evaluar cuáles deberían ser sus reacciones. Él presentó a sus amigos a los ―perdedores―, sorprendentemente recordando sus nombres. Sus amigos sólo asintieron, sentándose y procediendo a ignorar a los otros como si no estuviera ahí. Los otros parecieron intimidados por unos minutos, cambiando de posición incómodamente y preguntándose si deberían moverse. Finalmente, decidieron hacer lo mismo e ignorar a Peter y sus amigos. Observo todo esto con asombro y recelo. ¿Qué está haciendo? Cuando no mira en mi dirección, finalmente alivio mi postura encorvada y comienzo acomer. No quito mis ojos de él, sin embargo. Sigo preguntándome qué es lo que se trae entre manos, pero no he comido nada desde mi medio abandonado almuerzo de ayer. En realidad, me estoy sintiendo un poco débil por mi falta de alimento y eso me da el impulso que necesito para comer, a pesar de su proximidad. En Fotografía, lo ignoro con esmero, volviendo a mi antigua forma de sentarme al borde de mi asiento, negándome a permitir que incluso mis ojos paseen por sus manos. Él ha dicho ―hola― cuando se sentó, pero siento la tensión emanando de él, lo que me pone nerviosa. Una nueva rutina comienza con él, sentándose en la misma mesa de almuerzo cada día, la mesa está ahora sólo medio llena con los ―perdedores― y la otra mitad con los amigos de Peter —tanto como los primeros dos de la primera vez y añadiéndose más cada día— cada mitad ignorando a la otra, pero buscando una extraña especie de camaradería incómoda. Ésta nueva práctica me pone rígida de ansiedad. Considero el cambiar el lugar donde me siento, pero tengo la sensación de que él me seguirá de todos modos. Sólo no puedo averiguar por qué. Pasamos una semana más sin incidentes, mi aprehensión disminuye un poco, cuando algo extraordinaria sucede. Un chico que ha sido uno de mis peores verdugos, a través de ambas, escuela secundaria y preparatoria, entra al comedor. Mi estómago se aprieta con miedo. Usualmente, Frank y sus amigos dejan la escuela para almorzar. Cuando se quedan es para un propósito, y ese propósito es por lo general, por mí. Me estremezco al pensar en las veces en que me he visto obligada a tirar mi almuerzo ya sea porque él escupió o dejó caer algo en mi comida —una vez fue una pequeña pepita de excremento de perro—, o tratar de comer alrededor de eso. Le da una gran alegría mi humillación y supongo que con el tiempo ha comenzado a extrañar mi ardiente vergüenza. Hoy es la primera vez de éste año que se lo ha perdido, aparentemente. Lo veo inmediatamente en la zona en donde me siento, con una sonrisa dividiendo su rostro.
Mis ojos vuelan al instante hacia Peter, quien está envuelto escuchando una historia que es contada por uno de sus amigos. Oh, por favor... ruego silenciosamente, no le dejes ver esto. No estoy segura de si quiero que se mantenga ajeno con el fin de evitar que consiga una nueva idea para afligirme, o si simplemente no quiero que vea mi degradación. Miro de nuevo a mi verdugo frenéticamente, sabiendo por experiencia propia que tratar de proteger mi comida sólo logrará que empuje la bandeja hacia mí, y luego tener que pasar el día caminando avergonzada en vano, con la parte delantera de mi camisa manchada con los restos de mi almuerzo. Siento los ojos de Peter sobre mí y mi mirada es atraída hacia la de él en contra de mi voluntad. Su ceño está fruncido, como si tratara de averiguar qué es lo que pasa. No puedo mantener mis ojos en un sólo lugar, sin embargo, mi mirada alternando entre ellos dos. Él sigue mi mirada hacia mi verdugo, y de regreso hacia mí. Veo cómo comienza a entender, pero en lugar de la anticipación que espero ver cuando lo averigüe, veo su rostro endurecerse, ira oscureciendo sus ojos, apretando la mandíbula. Asumo de inmediato que su ira es por mí, como si estuviera siendo condicionada por el resto de mi vida, me estremezco y mantengo mis ojos en él, sabiendo que es el peligro más inmediato. Se pone de pie bruscamente, haciendo que cada persona de su mesa e incluso algunas de las mesas cercanas detengan sus conversaciones inmediatamente y miren hacia él. Me estremezco instintivamente. Pero en lugar de venir hacia mí, se vuelve y se para frente a Frank, bloqueando su progreso hacia mí.
—¿Puedo ayudarte? —Sus palabras resuenan con furia. Lo escucho claramente desde donde estoy sentada, pero de alguna manera Frank no lo registra, quien sonríe seguro de sí mismo.
—No hombre, estoy bien.
Da un paso más, y de repente Peter sujeta con una gran mano su hombro. Peter es al menos seis pulgadas más alto que Frank, y no deja caer su mano suavemente, sino más bien, la deja caer como una piedra. Frank mira a Peter y de repente se da cuenta de su mandíbula apretada. Duda por sólo un segundo, con cautela arrastrándose sobre su rostro, para ser sustituida por una sonrisa arrogante cuando se da cuenta de que sus amigos están observando.
—¿Puedo ayudarte? —Frank pregunta sarcásticamente, lo que provoca una carcajada de sus propios amigos.
—No creo que haya nada para ti en este lugar —le gruñe Peter, asustándome. Frank da un ligero paso hacia atrás, mirando nerviosamente por encima de su hombro, tratando de conservar su arrogancia—. Creo que tú y tus amigos —Peter dice con determinación—, deberían seguir adelante. No creo que éste sea un lugar ti ahora, o en cualquier momento en el futuro para el caso.
Frank traga nerviosamente, levantando sus manos en redención con una risa que tratando de sonar descuidada, que sale sonando como con pánico. Lanza una mirada perpleja hacia mí sobre el impresionantemente voluminoso brazo de Peter. —Muy bien hombre, sin daño no hay falta, ¿verdad?
Peter aún no ha retirado su mano del hombro de Frank y veo cómo lo aprieta, causando que Frank se estremezca ligeramente.
—Hoy no, de todos modos —Peter gruñe amenazadoramente, mirando hacia mí—, pero probablemente me refiero al pasado. —Se inclina hacia adelante, poniendo su rostro cerca al de Frank—. Ya no más, tampoco, ¿Capice?
Frank da una risa irregular.
—Estás bromeando ¿verdad amigo? ¿Estás protegiéndola? —escupe como si yo fuera menos que un insecto. Puedo ver como sus amigos se molestan detrás de él, ofendidos de estar apartados de su diversión. Entonces, sorprendentemente, algunos de los amigos de Peter se ponen de pie, de los del tipo de grandes jugadores de futbol, claramente no entendiendo qué está pasando, pero dispuestos a respaldar a Peter de todos modos. No se mueven de donde están parados junto a la mesa, pero los amigos de Frank de inmediato se retiran. Lo mismo sucede con Frank, alejándose del agarre de Peter. Sus ojos se precipitan hacia mí, y en esa breve mirada veo la promesa de algo peor. Con la misma rapidez mira de nuevo a Peter, con el rostro cuidadosamente en blanco mientras se da la vuelta y se aleja, tratando de retomar su descuidado pavoneo, pero fallando al menos un poco. Los amigos de Peter vuelven a sentarse, murmurando sobre los gamberros, y los otros chicos en la mesa lucen un poco impresionados por la escena que acaban de ver, que alguien quien es considerado más genial que ellos, ha sido rebajado por ésos chicos, mientras les permiten compartir la mesa del almuerzo. Un par de ellos me disparan miradas confusas, preguntándose qué hay en mí para poder haberme ganado tal defensa. Observo esto con mi visión periférica, mientras miro fijamente a Peter, impresionada. Él se vuelve hacia mí, y me mira de igual forma, con una expresión en sus ojos que no puedo descifrar. No parece estar enojado conmigo, a pesar de que su respiración sigue acelerada. Mientras observo, toma un par de respiraciones profundas, relajando su boca de la ira sombría, aflojando sus puños. Asiente tensamente hacia mí, volviendo a su lugar en la mesa. Ya no tengo hambre, pero no me muevo de mi lugar, mirando abiertamente a Peter. No puedo evitarlo. Casi pareció como si... me hubiera... protegido, como Frank dijo. Pero... ¿por qué él haría eso? Estoy confusa, perpleja. Un par de veces me da miradas ocultas, y en ésas, no puedo más que reunir una razón para que me broten alas y vuele a la luna. Por primera vez en todo el año, me paso toda la tarde esperando por la clase de fotografía. No puedo sacar de mi mente el drama del almuerzo. No importa cómo vea la situación, sigue pareciendo como si se hubiera puesto de pie por mí.
¿Por qué?
Cuando él entra al salón de clases, lo miro directamente, tratando de leer su rostro. Se detiene junto a la mesa cuando ve mi mirada interrogante, mirándome con la misma expresión ilegible que le vi antes. Un sonrojo se arrastra hasta sus mejillas, y mira hacia otro lado, apretando la mandíbula. Me da otro asentimiento tenso, por primera vez sin decirme ―hola― y de repente lo entiendo. Está molesto y avergonzado por haber tenido que defenderme, y en frente de no sólo de sus amigos, sino también de otros estudiantes, entre los cuáles la historia se ha extendido como pólvora. Lo he escuchado de otros cuando no sabían que podía oír, y la gente ha estado mirándome como si trataran de averiguar algo. Ahora obviamente, él se lamenta haberlo hecho. Las lágrimas pinchan la parte posterior de mis ojos mientras bajo mi cabeza hacia el escritorio. Por sólo un pequeño momento, había sentido la alegría de tener un ángel guardián, tener a alguien que no permitiría a alguien más ser malo conmigo. Ese par de horas de sentir esa seguridad, sólo lo hizo más doloroso al haberme sido arrebatado. Tan pronto como suena la campana, me apresuro a recoger mis libros, lista para escapar. Siento una mano atrapando mi brazo. Calor fluye desde el punto de contacto mientras permanezco quieta, mirando fijamente la mano que sostiene ahora firmemente mi brazo. La misma mano que he estudiado tanto, con la ligera cicatriz en el dorso. Su agarre es sólido, y sin embargo, lo suficientemente suave para saber que podría romper fácilmente el contacto.
—Lali —Peter dice suavemente, y mi corazón se tambalea ante el sonidode mi nombre saliendo de su boca—. Por favor, quiero decirte...
No quiero esperar a escuchar lo que quiere decir. Corro, empujando a los otros estudiantes en la puerta. Algunos me empujan mientras paso, pero me las arreglo para mantener el equilibrio.

sábado, 17 de mayo de 2014

Capítulo 2


Paso el resto del día ocultándome, incluso evito mi precioso almuerzo, pierdo lo que es posiblemente la única comida que conseguiré para hoy. En lugar de mirar los pies arrastrándose frente de mí, lo miro a él. Cuando llego al último periodo de la jornada, fotografía, doy un suspiro de alivio porque este horrible día ya casi ha terminado. Me siento sola en una mesa para dos, completamente segura de que nadie se sentará a mi lado a no ser que sean forzados a hacerlo. Me siento con la cabeza hacia abajo, evitando todo contacto visual con la precisión que he estado desarrollado a lo largo de los años, pero de este modo es como veo a unas grandes, y blancas zapatillas de deporte detenerse a un lado de mi escritorio. Una sensación enfermiza se forma en la boca de mi estómago, como siempre lo hace, por la confrontación que se avecina. Pero entonces… no pasa nada. Sintiéndome hundida me doy cuenta de que mi torturador quiere toda mi atención, y no se irá hasta que él la consiga. Tomo un respiro y levanto la cabeza… y siento a mi boca caer con la vista de Peter de pie allí. La consternación llena mi pecho. Oh, no, por favor, no él también.
—¿Puedo sentarme aquí? — pregunta.
¿Qué? Ladeo mi cabeza un poco, segura de que no he oído correctamente. Miro a mí alrededor y noto que todavía existen unos asientos vacíos disponibles en el salón. Veo a un par de jugadores de fútbol sentados en la parte trasera, mirando mi aspecto, riéndose. Miro tras el hombro de Peter y siento a las lágrimas dar pinchazos en mis ojos luego de comprender que también él, de algún modo es parte de ello, participe de la tortura, sentarse a mi lado es parte del juego. Antes de que yo pueda reunir el coraje necesario para decirle no, él coloca un montón de libros sobre la mesa y se deja caer sobre el asiento a mi lado. De inmediato y a toda prisa me alejo de él, sosteniéndome sobre el lado opuesto de mi asiento. Él no lo nota o bien decide no hacer comentarios al respecto.
—Hey, ¿Tú eres Lali no es así? ¿Lali Esposito? No sé si te acuerdas de mí, soy Peter. ¿Peter Lanzani? ¿Fuimos a la escuela primaria juntos? —Él termina con una pregunta y yo sólo puedo mirarlo fijamente como una imbécil, como mi madre, cuando ha tomado demasiadas píldoras para el resfrío. Esta es una nueva táctica, una que no he intentado antes. Miro alrededor una vez más, para ver quien más podría estar metido en esto, pero justo entonces el timbre suena y el profesor se levanta de su escritorio, y ordena nuestra atención para el resto de la clase, o trata de hacerlo al menos. Por mi parte, no puedo concentrarme en absoluto en lo que él dice; algo a mi izquierda está forzando toda mi atención. Estoy en guardia aún más que de costumbre. Mis emociones están sobre el borde, porque aunque yo no conozca a Peter ahora, lo conocía cuando él era más joven. He admirado tanto su bondad, más aún cuando cualquier pizca de bondad en su casa había desaparecido, y se había difuminado en mis compañeros de escuela. Pero al parecer el tiempo ha cambiado algo más que sólo su tamaño y aspecto, ha cambiado su naturaleza y él rápidamente ha tomado parte en el juego ―torturando a Lali.
Cada vez que él se mueve, salto involuntariamente. Siento sus ojos sobre mí, pero me niego a ser carnada. Mantengo mis ojos fijos sobre el cuaderno abierto delante de mí, en blanco, a pesar de la lectura del profesor. Nos está hablando sobre los implementos que necesitaremos para la clase. Aún no puedo concentrarme lo suficiente como para tratar de planificar la manera de obtener todos esos artículos imposibles. Para la única cosa que alzo mi vista es para mirar el reloj. Tan pronto como suena la campana, estoy lista. Salto de mi asiento, recogiendo mis libros del borde del escritorio. Gracias a la intervención divina, no los dejo caer. Salgo corriendo de la sala, sin preocuparme a quién golpeo camino a mi salida, lucho por mantener mis pies debajo de mi cuerpo mientras soy golpeada y empujada. Tengo que pelearme hasta pasada el área donde los autobuses son estacionados, aun cuando mi casa está a cinco millas de la escuela, califico para pasear en ellos. Descubrí rápidamente que el autobús es sólo un cambio de escenario en la persecución, uno sin esperanzas de escape durante cinco millas. Es por eso que vale más pena caminar. Además, la ventaja añadida en andar es que toma más tiempo, lo que me mantiene alejada de casa por un poco más de tiempo. Hoy camino con rapidez, por lo menos hasta estar más allá de los límites de la escuela, más allá de donde la mayoría de los chicos deben caminar de forma apagada. Unos coches pasan con las ventanas abajo, estudiantes lanzan insultos por mi atuendo, pero yo los ignoro. Todavía no puedo creer que él sea parte de ello. No estoy segura por qué esto me está molestando tanto. Hay quienes me ignoran, por supuesto. Yo hubiera preferido que él fuera uno de ellos, aunque honestamente creo que esperaba que pudiera ser el mismo que solía ser hace todos esos años atrás. Me preocupo sobre todo esto camino a casa, y al parecer eso lleva a que mi abdomen se endurezca, como siempre, y mi atención se dirige a preguntarse acerca de la realidad de lo que se avecina con Peter Lanzani. Me pregunto en qué estado de ánimo estará ella hoy. De hecho, prefiero cuando está en un estado melancólico, aun cuando signifique un montón de lágrimas. Es mucho mejor que la violencia, de la cual siempre soy receptora por algo tan simple como caminar por el camino equivocado o tragar demasiado fuerte. Me apresuro a entrar, soltando mis libros, y me quito los zapatos para mantener lo más bajo posible la probabilidad de que ella se entere de que estoy en casa. Voy corriendo a la cocina para empezar mis tareas, lo que significa poner orden al desastre que hizo hoy. Hay varios platos y cuencos apilados en el fregadero, así como los cristales de la borrachera de mi padre en la noche anterior. Rápidamente lavar, secar y guardar. Barrer el piso, que está lleno de restos de comida y limpiar la mesa. Tirar las botellas de licor vacías, regresando las demás al gabinete. Me apresuro arriba en el cuarto del baño, recogiendo las ropas húmedas malolientes que están allí y de frente a la puerta del dormitorio de mis padres, para llevarlas de vuelta a la lavandería. Me dirijo al baño para restregar la bañera ya limpia y un inodoro, cuando la oigo.
—¡Mariana!
Con el estómago apretado, entro en la sala de estar donde ella posa la mirada en un pequeño televisor. Se pasea por el costado de una mesa pequeña, destartalada, donde antes había una gran pantalla que ha sido embargada. Recuerdo ese día con claridad meridiana, porque fue la primera y única vez que he sido golpeada por mi padre; previamente y desde entonces sólo es mi madre quien reparte los castigos. Ella se sienta en su lugar habitual del sofá, su lugar moldeado. Debería tener sobre peso, debido principalmente a su dieta de comida chatarra, que atesora celosamente, y que cuenta. Si llegara a faltar alguna yo consigo pasar por un infierno, incluso si ella imagina que falta alguna. Pero las drogas hacen volar a su metabolismo, lo que la mantiene delgada. Creo que probablemente podría sobrepasarla si quisiera, pero ella ha hecho su trabajo sobre mi mente bastante a fondo; comenzando desde que era una niña impresionable. Aun sabiendo que todo es un juego mental, no tengo más valor para escapar de ella del que para defenderme en la escuela.
—¿Dónde has estado? —exige, con palabras mal pronunciadas—. ¡He estado llamándote durante horas! —Que literalmente puede significar horas, o podría haber sido sólo unos minutos.
—Estuve la escuela, ¿recuerdas? Hoy fue el primer día.
—Oh. —Esto da un poco de viento a sus velas, pero encuentra un nuevo objetivo con suficiente rapidez—. Bueno, mañana antes de salir mejor asegúrate de que tienes la casa limpia. No puedo vivir en esta pocilga.
—Claro, mamá —le respondo, ya limpiando a su alrededor. Su fuerte apretada de puño por encima de mi oído no me sorprende, pero estoy un poco fuera del juego de hoy. Tropiezo sobre mis rodillas balanceándome hacia los lados, golpeando mi cabeza contra la mesa de noche y casi tocando la lámpara. Estoy luchando por estabilizarme y alcanzarla antes de que pueda caer.
—¿Eres una sabelotodo?
—No, mamá, no. Lo siento. Lo siento. —Respiro la palabra y doy una gran exhalación y así es como noto el color de la humillación al permitir que me trate de esta manera y luego tener que disculparme por ello, pero la rutina no ha cambiado mucho en los últimos ocho años y los hábitos son difíciles de romper. Me apresuro al armario del pasillo para coger el plumero. Empiezo quitar el polvo de alrededor de los objetos sobre la mesa, con rapidez, pero discretamente, sabiendo que es mejor no tocar sus cosas.
—Oh. Acaba con eso —me dice, con disgusto en sus palabras. Regreso, esperando a ver qué más tiene para decir—. Deja de mirarme, me da escalofríos —dice—. Ve a tu habitación. No tengo ganas de verte hoy.
Simplemente asiento y reemplazo el plumero en mi camino hacia las escaleras. Entonces, hoy es el día del estado decaído, el mejor de todos. Permanecer en mi habitación significa que no hay posibilidad de cenar. Es una negociación, supongo. Por lo general me ordena hacer la cena, pero no se me permite comerla. A veces me las arreglo para sacar un poco de comida mientras cocino. Estar en mi habitación no sólo significa que no hay posibilidad de eso, sino que también de que no seré golpeada. Así que me siento aliviada. No voy a ser capaz de escabullirme al primer piso, para recuperar mis libros que he olvidado tomar en el camino, hasta que estén dormidos. Siempre completo mi tarea, pero a veces la olvido con el fin de mantener mi promedio de calificaciones. Por desgracia, eso me da mucho tiempo para pensar en Peter Lanzani y me pregunto qué estaba haciendo él día de hoy. La amarga decepción regresa y me siento en mi ventana dando un vistazo hacia afuera, a mi fuerte con columpios, donde me gustaría estar.

viernes, 16 de mayo de 2014

Capítulo 1


¡Wham! Él golpe con el dorso de la mano me tira al suelo. Levanto la vista hacia ella, determinando en un nanosegundo si debo permanecer abajo o ponerme de pie. Peleo con mis pies, encogiéndome ligeramente en anticipación al siguiente ataque, garantizado a venir si la interpreto equivocadamente. No lo hago. Ella se aleja de mí con un disgusto familiar.
—Limpia el desastre que hiciste, Lali —refunfuña, pateando el plato con los restos de su almuerzo que se había caído al suelo desde su lado de la mesa cuando caí.
—Está bien, mamá.
Ella se da la vuelta, con amenaza en su pose.
—¿Me estás respondiendo?
—No mamá, lo siento. —Odio el tono adulador de mi voz, pero soy impotente en contra de eso, como lo soy en el cambio de la marea de mi vida.
Recojo los restos de comida con mis manos, acumulándola de nuevo en el plato y lo hago a un lado. Limpio un par de botellas de prescripción, que se habían caído en el lío, con la parte delantera de mi camisa. Pongo las botellas caídas sobre la mesa en su lugar preciso, dentro del grupo de pequeñas botellas marrones. Ella sabe exactamente lo que está en cada una de ellas por su ubicación. Espontáneamente, la foto que he estado ocultando debajo de mi colchón se desliza en mi mente. En ella, mi madre se encuentra en el patio con mi padre y yo, riendo y amando, luciendo joven y bella, y muy embarazada. Yo tenía nueve años de edad en ese momento, a punto de comenzar el cuarto grado, lo que era emocionante, porque significaba que estaba por deslizarme a ser lo que yo pensaba era lo más genial de lo genial, un alumno de sexto grado, la clase mayor de la escuela. El día en que la foto fue tomada, mi padre había traído a casa una sorpresa de cumpleaños adelantada para mí. Mi cumpleaños no es hasta Febrero, pero papá no podía esperar. Quería que la tuviera antes, así podría disfrutar de ella antes de que la nieve cayera. Mientras llevo el plato sucio de mi madre hacia la cocina, miro por la ventana hacia la sorpresa de cumpleaños de hace tanto tiempo. Es un columpio, uno de los de acero resistente, en forma de A, de los que no se encuentran normalmente en los patios traseros, sino más bien en un parque público. Fue hecho para durar un largo tiempo, incluso ahora parece casi el mismo, sólo el brillo embotado delata su edad. Tres cambios cuelgan de densas largas cadenas. Los corpulentos hombres que lo entregaron aseguraron los postes de cemento profundamente en la tierra para que no se volcara. Me dijeron que tenía que esperar tres días para columpiarme en él, para darle al cemento la oportunidad de endurecerse. Tres días es una eternidad para una niña de nueve años de edad. En tres días, aprendí, que una eternidad de cambios pueden ocurrir.  Rápida y tan silenciosamente como es posible lavo el plato, el lavavajillas hace mucho tiempo dejó de funcionar y la idea de pagar a un técnico o comprar uno nuevo, era tan extraña como un viaje al Taj Mahal. Tan pronto como termino, me deslizo en silencio por la puerta trasera. Soy muy consciente de cuán patético es que tu única vía de escape, tu mejor amigo, sea un objeto inanimado, y el juguete de un juego de niños, para alguien que tiene diecisiete años y se prepara para empezar su último año de la escuela preparatoria. Pero es todo lo que tengo, así que camino más deprisa, ignorando la lluvia leve que comienza a disminuir mientras planto mis pies en la bien gastada tierra, y me trepo tan rápido como puedo con un ligero salto. El viento sopla a mi lado tanto por la velocidad, como por la tormenta levantándose. Enfría en carne al rojo vivo un lugar en mi mandíbula, que me dejará una magulladura para iniciar el año escolar mañana. No es que importe. Un pre-molido saco de boxeo no hace una diferencia para la mayoría de mis torturadores. Mientras vuelo más alto, siento la tensión liberarse, el mundo desapareciendo. Estoy aliviada por la corriente que viene mientras me esfuerzo a elevarme más y más. Mi mente se vacía mientras me entrego a la sensación. La única interrupción llega cuando escucho a mi padre tropezar en la casa, temprano ésta noche, y empieza a gritar. Incluso eso puedo apartarlo lejos con un poco de esfuerzo, he tenido años de práctica. Por suerte, no hay un sonido revelador de un puño contra piel cuando los gritos se detienen. Mi mente registra esto en alivio porque también significa que hay una buena oportunidad de que no tenga que estar en el lado receptor de su rabia ésta noche. Algún tiempo después, me doy cuenta de que las luces han sido apagadas en la casa. No se les ocurre a cualquiera de los dos preguntarse dónde estoy, o siquiera comprobar mi habitación y ver si estoy ahí. No tengo problema con eso, su falta de interés y atención dejó de ser dolorosa hace tiempo y se convirtió en algo positivo si eso significa ser invisible. Continúo balanceándome en el aire fresco de la noche, con el cabello húmedo por la ligera lluvia. Espero a que la paz se establezca completamente antes de dejar de balancearme más lento y después detenerme.Una respiración profunda, recopilo valor, entonces me deslizo dentro de la casa tan silenciosamente como me es posible, para no llamar la atención sobre mi existencia. Abro el armario de mi dormitorio, y doy un exasperado respiro por la falta de opciones ante mí. Mañana voy a ser una estudiante de último año, parece que para eso debería calificar tal vez sólo un traje nuevo, algo que no sea de una tienda de segunda, que no esté gastado y enfermamente ajustado. Me permito una fiesta de lástimas de dos minutos, entonces saco los objetos menos gastados para ponerme en la mañana. 
Último año.
Ugh.

***

Odio el primer día de escuela. En realidad, odio todos los días de escuela, pero como éste es el primer día
de mi último año de preparatoria, de alguna manera parece peor que todos los demás. Hay un entusiasmo palpable en el aire de los otros de último año, sabiendo que después de éste año pueden empezar su vida real. Yo no tengo una vida real por lo que éste año es más temible que todos los demás, y eso es decir mucho, considerando cómo cada anterior año escolar ha sido para mí.
—Cuidado, fenómeno.
Me tropiezo, pero no caigo mientras soy empujada a un lado por uno de los de primer año. Veo un par de estudiantes de segundo año mirando con interés. El tiempo dirá si éstos novatos se unirán al juego, o si van a tener lástima y dejarme en paz. Me aparto de ellos y veo a Eugenia Suarez viniendo por el pasillo, rodeada por sus seguidores. Ésa es realmente una buena razón para darme la vuelta e ir en la dirección opuesta. No se ha dado cuenta de mí aún, así que hago una rápida retirada por las escaleras cercanas, a pesar de que significa que tendré que darme prisa para llegar a mi primera clase. Los retardos son algo que evito con pasión, no quiero llamar la atención a menos que sea absolutamente necesario. Eugenia es mi principal... enemiga, supongo, aunque hubo un tiempo en que fuimos amigas. El verano antes de la escuela secundaria, en el que de repente florecí. Mis pechos comenzaron a surgir, crecí varios centímetros y de pronto nada me quedó. Las camisas eran demasiado ajustadas y los pantalones muy cortos. Mi madre no podría molestarse por algo tan trivial como una hija creciendo en su mundo loco, así que me convertí en una ladrona. En las horas de madrugada, antes de que cualquiera de mis padres hubiera salido de sus estados de embriaguez, me escapaba y tomaba un dólar o dos, de la cartera de mi padre y del bolso de mi madre, cada vez que tenían uno. Así fue como me financié un ―nuevo guardarropa, tres camisas, dos pantalones, un sujetador, tres pares de ropa interior y un par de maltratadas zapatillas de la tienda de ahorro local. Costó doce dólares robados y una gran cantidad de culpa. Aunque la ropa me quedaba mejor que cualquier otra opción que tenía, seguían marcándome. Mientras que en la escuela primaria había sido capaz de transformarme silenciosamente en observadora, pasando inadvertida y dejada sola, en la escuela secundaria me vieron convertirme en un objetivo. Fue Eugenia Suarez quien realmente lo empezó, marcó la pauta de en lo que mi vida se había convertido, al menos a lo que se refiere a la escuela. Por alguna razón, había empezado a desagradarle al final del anterior año escolar. Había estado cerca del final de año cuando comenzó a decir cosas despectivas acerca de mí a mis compañeros de clase, a pesar de que en realidad no fue tiempo suficiente para que los chismes se desarrollaran en más que algunos dardos dirigidos perezosamente por sus seguidores. Ella también había florecido en el verano y cuando la escuela comenzó, caminó como una confiada belleza rubia en la que todos los chicos se fijaban, aun los estudiantes de octavo grado y varios de los de primer año de la preparatoria. Con su nueva confianza vino una racha de crueldad y un blanco perfecto para afinar sus habilidades... yo. El primer día de la escuela secundaria, entré usando mis ropas de segunda categoría, y busqué al pequeño grupo de amigos que había tenido en la primaria, incluida Eugenia. Mientras me acercaba, Eugenia se dio la vuelta de donde estaban en un círculo, hablando.
—¿Qué estás haciendo aquí? No perteneces a nosotros —se burló de mí.
Miré a los demás, esperando a... ¿qué? ¿A que me defendieran? Al contrario, comenzaron a reír a costa de mí, y me di la vuelta, humillada. Al parecer, ella había escuchado a sus padres hablar de mi familia, así, el año comenzó con ella difundiendo los rumores de mi padre alcohólico y mi madre adicta a las drogas. No pude siquiera defenderme porque nadie sabía tan bien como yo, cuán ciertos eran los rumores. Por supuesto, ella no sabía la historia completa, y no había manera de que fuera a informarla y darle más munición. No es que las necesitara desde que mi ropa se las dio. Con su aplastamiento, cualquier ápice de autoestima que podría haber pretendido tener, se fue y no luché por recuperarlo cuando me insultaba, o golpeaba mis libros fuera de mis brazos, o tropezaba conmigo cuando llevaba una bandeja de comida en el comedor. Fue sorprendente cuán rápido los otros estudiantes se percataron de sus juegos y se unieron. Aquellos que no se integraron, pronto me evitaban como si fuera una paria, para no alcanzar ninguna de las balas que eran dirigidas hacia mí. Cada día desde entonces ha sido un juego de supervivencia, como hoy, mientras me apresuro a salir de su camino. He aprendido a evitar áreas donde ella o cualquiera de sus amigos podrían estar, lo que es difícil, ya que casi todos son sus amigos, o al menos pretenden serlo. Tenía la esperanza de que la escuela preparatoria pudiera cambiar la manera en que las cosas eran para mí en la secundaria. Quiero decir, los chicos son mayores y más maduros ¿cierto? Mientras que las burlas, empujones e insultos no son tan intensos como mi experiencia en la secundaria, todavía sigue ahí, en cada esquina, por lo que parece. Mi cabello castaño ha crecido mucho con los años. Estoy agradecida por eso, porque hace un bonito velo para esconderse. Desafortunadamente, también proporciona una presa fácil para aquellos que deseen tirar de él. Supongo que siempre puedo esperar que éste año sea diferente. Es cuando me apresuro a mi segundo periodo de clase del día, caminando con la cabeza baja, pero también observando a los que me rodean, en alerta por las señales de advertencia de peligro, hasta que lo veo.
Peter Lanzani.
Me congelo donde estoy, siendo chocada por detrás, pero no empujada. 
Incluso escucho un murmullo: —Discúlpame. —Probablemente porque no se dieron cuenta a quién golpearon.
Estoy congelada mientras lo miro fijamente con la boca abierta. La vista de él me trae de vuelta una corriente de recuerdos que había olvidado. Él había ido a mi escuela primaria, lo he conocido desde el primer día del jardín de Infantes. Me había gustado de una manera infantil e inocente porque nunca era malo con nadie. Era la clase de chico al que otros se dirigían naturalmente, popular sin tratar de serlo o incluso importarle si lo era. Hacía a todos sentir como si fueran sus amigos. Había admirado eso de él. Especialmente durante aquellos años cuando mi vida se había oscurecido y el siguió tratándome amablemente. Se había sentado conmigo en el almuerzo cuando estaba sola, lo que naturalmente atraía a otros a la mesa. Siempre me había invitado a jugar a la pelota cuando me veía sentada sola, a pesar de que sabía que me negaría. Cuando comencé a notar chicos como algo más que una completa molestia, había pensado que él era el tipo de chico que podría realmente gustarme, incluso amar, como algo más que un amigo. El final del sexto grado me hizo pensar que podría verme como algo más, también, cuando me dio un especial de San Valentín, una tarjeta que me había hecho y no sólo una de las baratas, de las de papel pequeño, con la que todos los demás se desmayaron. El recuerdo de eso trae un recuerdo de mi primer beso, mi único beso, en el armario de los abrigos. Cuán atrevida había sido. Qué bien se habían sentido sus labios sobre los míos. Cuánta esperanza había recogido de una cosa tan simple. Mis mejillas se ruborizaron mientras pensaba en él sosteniendo mi mano en el recreo, algunas veces después de ese beso. Nunca nos habíamos besado de nuevo, aunque hubiese querido. Creo que ambos éramos demasiado tímidos e inseguros para hacer el primer movimiento. Se había mudado ese mismo verano. No lo supe, por supuesto, hasta que el siguiente año escolar comenzó.
Y ahora está aquí de nuevo.
Ha crecido, ha cambiado, pero no hay duda de que es él. Es alto, a pesar de que era cerca de mi altura la última vez que lo había visto. Es más alto que la mayoría y supongo que está cerca del metro ochenta más o menos, tal vez un poco más. Tiene cabello castaño oscuro, corto en los lados y en picos en la parte superior de su cabeza, que entiendo es cuando está ausente y se pasa los dedos por él. En lugar de lucir desordenado, sin embargo, tiene un efecto sorprendente, luciendo como si hubiera pasado horas para conseguir que se viera así. Su mandíbula es fuerte, cuadrada, masculina. La promesa del chico lindo se ha convertido en un joven increíblemente hermoso. Se ríe de algo que alguien más dice y mi estómago se aprieta en reconocimiento. Su sonrisa es la misma que recuerdo, encantadora y hermosa. Estoy de pie aquí, mirándolo fijamente, olvidando mantener mi usual cuidado por codos y pies en mi camino, así que cuando un codo viene, no estoy preparada. Envía mis libros dispersándolos por el suelo, ruidosamente, lo que llama su atención. Sus ojos se encuentran con los míos y veo un destello de reconocimiento en sus oscuras profundidades, con una sonrisa perpleja en las comisuras de su boca. Horrorizada, me apresuro a recoger mis libros y huir por las escaleras, humillada de que debería haberme sorprendido mirándolo, o incluso peor, tenerlo viendo el nuevo deporte en el que me he convertido.

jueves, 15 de mayo de 2014

Sinopsis ~Heart on a Chain~


Lali de 17 años de edad ha vivido su vida entera en pobreza extrema, con un padre alcohólico y una madre adicta a las drogas, quien abusa severamente de Lali. En la escuela, su ropa de segunda mano la marca como un objetivo. Su negativa a defenderse a sí misma la convierte en la destinataria de las burlas e intimidación de sus compañeros de clase. Esto, hasta el regreso de Peter. Peter Lanzani se mudó lejos seis años atrás, justo cuando él y Lali habían comenzado a desarrollar sentimientos el uno por el otro. Él regresa para encontrar a la brillante, divertida, extrovertida chica que había conocido, ahora tímidamente escondiéndose en los rincones, apenas hablándole a cualquiera a su alrededor, suspicaz incluso de él. Lali no puede descifrar cuál es el juego que Peter está jugando con ella, porque de seguro es un juego. ¿Qué más podría el grandioso, chico popular de su pasado querer con ella? Lali decide finalmente confiar en las intenciones de Peter, abriendo su corazón a él. Justo cuando parece que él podría ser genuino en su amistad, la tragedia los golpea, amenazando todo lo que Lali ha trabajado para ganar. ¿Puede Peter ayudarla a sobreponerse de esta nueva devastación, o los separará por siempre?

Me presento♥

Hola! Bienvenidos a este blog Laliter! Aca voy a publicar novelas laliter adaptadas, espero que os guste. Tengo el cabello largo, liso, y marrón. Soy Laliter hasta la muerte. Lanzanita y Lalita de corazón. Fan de TeenAngels y CasiAngeles, son parte de mi. Soy complicada y me encanta leer novelas y hacerlas Laliter 
Pagina en Facebook --->