Etiquetas

domingo, 18 de mayo de 2014

Capítulo 3


—¡Hey, Lali!
Me tropiezo y casi caigo con esas palabras, trayendo una ronda de risas burlonas desde algún lugar cercano. Miro hacia atrás y veo a Peter observándome. Si no lo supiera mejor, juraría que casi tiene una mirada de preocupación en su rostro. Me alejo deprisa, sosteniendo mis libros más fuertemente. ¿Qué quiso decir con eso? me pregunto. Su tono de voz sonó neutral, casi amistoso. Realmente pensé que no habría nuevos juegos que podrían lanzar en mi camino, que he sufrido cada posibilidad de humillación. Estaba equivocada. Considero seriamente el saltarme la clase de fotografía, pero no me atrevo.Cuando entro, él está sentado en nuestra, ahora, mesa compartida. Eso es suficientemente malo, pero está rodeado por dos chicas y otro chico. Conozco a las chicas, son porristas populares, pero de las que me dejan en paz. El chico es uno de los que solían atormentarme constantemente a través de la escuela secundaria. Ahora está en el equipo de futbol y no me ha molestado mucho en los últimos años, pero eso no me consuela, exactamente. Me debato entre sentarme en otra mesa, pero una rápida mirada me dice que no hay asientos disponibles que sean mejores que al lado de él.
—¡Lali! —me llama mientras me saluda con su mano. Me detengo, congelada en seco. Las dos porristas me miran fijamente con la boca abierta, y el jugador de futbol mira a Peter como si le hubieran crecido dos cabezas.
—Está bien, gente, tomemos nuestros asientos —ordena el Sr. Hurley, nuestro maestro.
Estoy obligada a tomar mi temido asiento junto a Peter, quien me sonríe abiertamente. Me estremezco y me doy la vuelta.
—Tengo papeletas aquí para aquellos que califiquen para almuerzos gratis o a precio reducido para excluirlos de los honorarios de la clase.
¡Oh, no! Mis mejillas arden para lo que sé que viene. Efectivamente, él se acerca y deja uno directamente delante de mí. La vergüenza inunda mi cuerpo por la humillación de tener a Peter viendo esto.
—¿Quién más? —dice el Sr. Hurley, agitándolos en el aire—. ¿Nadie? Muy bien entonces, para el resto de ustedes, necesito un recibo que demuestre que han pagado sus cuotas a la oficina principal antes de los exámenes parciales. ¿Belen? —Una chica de la primera fila lo mira—. Pasa éstos a todos por mí. —Y le pasa el montón de papeletas.
Belen se pone de pie y comienza a entregar las papeletas mientras el Sr.Hurley se traslada a la parte delantera del salón para comenzar la clase. Mientras ella se acerca a Peter, le entrega la papeleta con una sonrisa, claramente indicando su interés en él.
—Hola Peter, soy Belen. —No hay duda por su tono de voz que está siendo más que amable. Él hace una cosa extraña, me da una mirada y rápidamente la retira. Le sonríe cortésmente, desviando la mirada.
La sonrisa de Belen se endurece mientras me mira. Luego se da la vuelta con fuerza, con burla en cada línea.
—Toma fenómeno —ella se burla, entregándome la papeleta, y entonces la retira lejos—. Oops, lo siento, olvidé que no necesitas una de éstas. 
Se ríe cruelmente, mirando a Peter, esperando que se una a la broma. No puedo ver su rostro porque se ha dado la vuelta ligeramente lejos de mí hacia ella, eso y el hecho de que estoy agachando la cabeza, tratando de ocultar mi rostro, pero también tratando de ver su reacción. Así que no puedo ver lo que ella ve, pero cualquier cosa que sea, congela su risa. La sonrisa cae de su rostro y traga con fuerza, con las mejillas encendidas mientras se aleja. Peter se vuelve hacia mí, pero rápidamente me inclino hacia delante, tirando mi cabello suelto como un escudo, mortificada por todo el intercambio. Me pregunto cuán difícil va a ser cambiar mis clases ahora.

***

La escuela se vuelve aún más un ejercicio de tortura, a pesar de que no hubiera imaginado eso posible, porque él ha sido añadido a la mezcla. Sentarme al lado de Peter en Fotografía es lo peor, porque siempre se sienta y me saluda como si fuéramos amigos. Casi todos los días estárodeado por otros, y, o él es completamente ajeno a su apariencia mientras me reconoce, o simplemente no le importa. Sé lo que se propone porque no es exactamente un juego nuevo. Él es sólo mejor en eso que aquellos que han intentado lo mismo antes. Lograr que la fenómeno piense que eres su amigo, así poder obtener una mayor humillación. No aprendí eso a la primera, y fui engañada una segunda vez, pero no he caído en esa trampa de nuevo, y no lo haré ahora. Antes nunca, sin embargo, había parecido algo personal de alguna manera. Sé que los otros no piensan en mí como una persona real, así que aunque duele, no es la cosa más devastadora. Esto es peor porque, él había sido mi amigo una vez, y tal vez incluso algo más. Tengo que admitir, que parte de esto es por lo que pensé que él era mucho mejor que el resto. Es una dolorosa realidad el ver que no lo es. En fotografía se sienta, a veces tratando de iniciar una conversación, pero me mantengo dándole la espalda y me niego a dejarme arrastrar, ignorándolo con firmeza, manteniendo mi cabello entre nosotros. Aun sabiendo lo que se propone, no puedo evitar sentirme atraída por él, a pesar de mi misma. Debido a nuestra historia, supongo. Así que lo observo a escondidas, sólo a sus manos, primero, mientras arrastran un bolígrafo a través de la página, mientras toma notas detalladas. Sus manos son grandes, formando una escritura limpia y no los garabatos desordenadosque la mayoría de los adolescentes crean. Son manos fuertes, con dedos largos y uñas recortadas y limpias, y una pequeña cicatriz en el dorso de su mano derecha. Él es zurdo, pero no escribe con su mano en un ángulo incómodo que he visto en otros zurdos. Más bien, sostiene su mano en el mismo ángulo que alguien diestro, sólo que al revés, a pesar de que casi pone de lado la página para escribir. Algunas veces, incluso dejo que mi imaginación vuele e imagino a su mano derecha cicatrizada, alcanzando la mía y envolviéndola en la de él. Me pregunto si serán cálidas o frías, suaves o ásperas con callos. No puedo recordar cómo se sentían hace todos estos años. No he sido tocada en una manera amable por manos masculinas por tanto tiempo como puedo recordar, probablemente desde la última vez que él sostuvo mi mano, aunque estoy segura de que hubo un tiempo en que mi padre me tocó con amor. Lo más inquietante de todo, es la fantasía de la bondad de él. Entonces recuerdo lo que Peter se propone, esa bondad ha muerto y esas manos nunca me tocarán con nada más que con un propósito de humillación, o peor, con repulsión. Cada día después de clase, huyo del salón y del edificio, esperando hasta que estoy más allá de los límites de la escuela para reducir la velocidad.

***

Las primeras semanas de escuela pasan, y a pesar de que Peter ha dejado de tratar de iniciar una conversación, todavía dice ―hola― cada vez que llega. Nunca le respondo, pero cuando él no hace más movimientos, comienzo a relajarme y no me siento tan lejos en el borde de mi asiento. No ha hecho ninguna broma a costa de mí, al menos no que yo sepa, y no ha tratado de humillarme públicamente. Curiosamente, parece como si los demás estudiantes, quienes antes disfrutaban atormentarme, están perdiendo el interés en el juego también. No todos ellos, por supuesto, pero algunos de ellos. Entonces un día, mientras Setiembre da paso a Octubre, el aire comienza a enfriar, y las hojas comienzan a volverse de un amarillo brillante, algo comienza a cambiar todo de nuevo.Me siento en el almuerzo, en mi lugar habitual en un rincón en el suelo, comiendo mi almuerzo gratis patrocinado por el Estado, cuando Peter llega y se sienta en la mesa más cercana a mí. Me congelo en el acto de llevar un palillo de pan a mi boca mientras se sienta en la mesa, que suele estar reservada para encajonar a todos los ―perdedores― de la escuela…aunque obviamente, todavía no son tan grandes perdedores como yo, porque por lo menos ellos tienen una mesa. Él se vuelve hacia mí, mirándome directamente. Miro fijamente a sus ojos verdes, la primera vez que he hecho contacto visual con él desde el primer día de clases. Una carga eléctrica corre a través de mi cuerpo. Con cada nervio de punta, y le roba un sonrojo a mi cuerpo, con calor fluyendo a través de mi abdomen. Claramente reconozco la lucha o la sensación de volar. Él parece estar esperando por algo, pero no puedo respirar, y mucho menos pensar en lo que podría querer. Él baja su bandeja sin romper el contacto visual, y luego da un paso hacia mí. Eso me derrite. Volar, eso es. Peleo con mis pies, negándome a esperar y ver que podría hacerme o a mi comida. Él llama mi nombre, pero ya estoy corriendo hacia la zona de dejar la bandeja y tirar mi preciado almuerzo sin comer. Me tropiezo en mi prisa y casi dejo caer mi bandeja, ignorando las risas burlonas cerca de mí, junto con los insultos de ―idiota― y ―fenómeno―. Ni siquiera veo de quiénes
vienen. Esas palabras ya no significan nada para mí, pero al saber que él está viendo probablemente mi torpe retirada, hace que mis mejillas quemen brillantemente. Me salto el resto de mis clases. Sólo me he saltado clases una vez en la escuela secundaria, cuando el ridículo había alcanzado la extrema crueldad, particularmente por una chica ruda, y había estado temerosa por mi vida, así que dejé temprano la escuela y fui a casa. Pero cuando la escuela llamó a mi casa para informar a mi madre que me había saltado las clases, había estado en uno de sus días violentos. Había tenido que regresar a la escuela al día siguiente con un ojo negro, un labio hinchado, con dolor en las costillas que se sentían posiblemente rotas, y marcas rojas de dedos en mi cuello donde el aire a mis pulmones había sido cortado poco antes de perder el conocimiento. Cuando regresé, la chica dura me vio, y alguna forma de reconocimiento y de parentesco había brillado en sus ojos. Después de eso ya no me dio un tiempo difícil. De hecho, creo que había una posibilidad de que hubiera dado la señal para que me dejaran en paz, porque nadie me dio un tiempo difícil después de eso por algún tiempo. Entonces ella fue arrestada y llevada al reformatorio, o eso he oído, y dentro de poco fue olvidada. Yo no lo fui y se reanudó la persecución. En este día, siento que vale la pena el riesgo. No puedo hacerle frente. Y me siento por lo menos un poco segura ya que no tengo un teléfono de cualquier tipo, así que mi ausencia no requerirá una nota en el correo. Soy yo la que tiene que traer el correo, así que no será mucho el deslizarlo y tirarlo en la basura antes de que pueda ser visto. Me gustaría poder ir a casa y columpiarme, pero no puedo arriesgarme a ser vista por mi madre, así que me escondo en un bosque espeso de árboles que crecen cerca de mi casa, hasta que la escuela termine y me vea obligada a volver a casa. Por mucho que desee ir en contra, sin embargo, otro día viene y tengo que levantarme para ir a la escuela. Tenía la esperanza de que él me dejaría en paz, pero en el almuerzo lo veo de nuevo viniendo hacia mi rincón. El hambre prevalece sobre el miedo, ya que no tuve cena de nuevo ayer por la noche, y me enrosco protectoramente sobre mi bandeja cuando lo veo venir. En lugar de mirarme directamente o venir en mi camino, simplemente se detiene en la mesa y se sienta. Los pocos estudiantes que están reunidos en la mesa, lo miran como si una serpiente se hubiera sentado con ellos. Observo, mi cuerpo todavía encorvado protectoramente sobre mi bandeja mientras coloca su servilleta sobre su regazo, se asegura de saludar a cada persona sentada ahí, presentándose a sí mismo como si cada uno de ellos no fuera consciente a sobremanera de quién es él. Habría que estar ciego o sordo para no saber quién es Peter Lanzani. Él definitivamente no ha perdido su capacidad para atraer a otros a sí mismo sin siquiera intentarlo. A los pocos días de su regreso a la escuela, se había vuelto popular, buscado como antes, por los chicos para ser su amigo, y por todas las tontas, desmayadas chicas para ser mucho más. Después de un momento de silencio, reanudaron sus conversaciones, ignorándolo principalmente, pero mirándolo ocasionalmente como si se preguntaran por qué estaba él ahí. Un par de amigos de Peter pasearon cerca, mirando a los que estaban ya
sentados, y luego mirando a Peter para evaluar cuáles deberían ser sus reacciones. Él presentó a sus amigos a los ―perdedores―, sorprendentemente recordando sus nombres. Sus amigos sólo asintieron, sentándose y procediendo a ignorar a los otros como si no estuviera ahí. Los otros parecieron intimidados por unos minutos, cambiando de posición incómodamente y preguntándose si deberían moverse. Finalmente, decidieron hacer lo mismo e ignorar a Peter y sus amigos. Observo todo esto con asombro y recelo. ¿Qué está haciendo? Cuando no mira en mi dirección, finalmente alivio mi postura encorvada y comienzo acomer. No quito mis ojos de él, sin embargo. Sigo preguntándome qué es lo que se trae entre manos, pero no he comido nada desde mi medio abandonado almuerzo de ayer. En realidad, me estoy sintiendo un poco débil por mi falta de alimento y eso me da el impulso que necesito para comer, a pesar de su proximidad. En Fotografía, lo ignoro con esmero, volviendo a mi antigua forma de sentarme al borde de mi asiento, negándome a permitir que incluso mis ojos paseen por sus manos. Él ha dicho ―hola― cuando se sentó, pero siento la tensión emanando de él, lo que me pone nerviosa. Una nueva rutina comienza con él, sentándose en la misma mesa de almuerzo cada día, la mesa está ahora sólo medio llena con los ―perdedores― y la otra mitad con los amigos de Peter —tanto como los primeros dos de la primera vez y añadiéndose más cada día— cada mitad ignorando a la otra, pero buscando una extraña especie de camaradería incómoda. Ésta nueva práctica me pone rígida de ansiedad. Considero el cambiar el lugar donde me siento, pero tengo la sensación de que él me seguirá de todos modos. Sólo no puedo averiguar por qué. Pasamos una semana más sin incidentes, mi aprehensión disminuye un poco, cuando algo extraordinaria sucede. Un chico que ha sido uno de mis peores verdugos, a través de ambas, escuela secundaria y preparatoria, entra al comedor. Mi estómago se aprieta con miedo. Usualmente, Frank y sus amigos dejan la escuela para almorzar. Cuando se quedan es para un propósito, y ese propósito es por lo general, por mí. Me estremezco al pensar en las veces en que me he visto obligada a tirar mi almuerzo ya sea porque él escupió o dejó caer algo en mi comida —una vez fue una pequeña pepita de excremento de perro—, o tratar de comer alrededor de eso. Le da una gran alegría mi humillación y supongo que con el tiempo ha comenzado a extrañar mi ardiente vergüenza. Hoy es la primera vez de éste año que se lo ha perdido, aparentemente. Lo veo inmediatamente en la zona en donde me siento, con una sonrisa dividiendo su rostro.
Mis ojos vuelan al instante hacia Peter, quien está envuelto escuchando una historia que es contada por uno de sus amigos. Oh, por favor... ruego silenciosamente, no le dejes ver esto. No estoy segura de si quiero que se mantenga ajeno con el fin de evitar que consiga una nueva idea para afligirme, o si simplemente no quiero que vea mi degradación. Miro de nuevo a mi verdugo frenéticamente, sabiendo por experiencia propia que tratar de proteger mi comida sólo logrará que empuje la bandeja hacia mí, y luego tener que pasar el día caminando avergonzada en vano, con la parte delantera de mi camisa manchada con los restos de mi almuerzo. Siento los ojos de Peter sobre mí y mi mirada es atraída hacia la de él en contra de mi voluntad. Su ceño está fruncido, como si tratara de averiguar qué es lo que pasa. No puedo mantener mis ojos en un sólo lugar, sin embargo, mi mirada alternando entre ellos dos. Él sigue mi mirada hacia mi verdugo, y de regreso hacia mí. Veo cómo comienza a entender, pero en lugar de la anticipación que espero ver cuando lo averigüe, veo su rostro endurecerse, ira oscureciendo sus ojos, apretando la mandíbula. Asumo de inmediato que su ira es por mí, como si estuviera siendo condicionada por el resto de mi vida, me estremezco y mantengo mis ojos en él, sabiendo que es el peligro más inmediato. Se pone de pie bruscamente, haciendo que cada persona de su mesa e incluso algunas de las mesas cercanas detengan sus conversaciones inmediatamente y miren hacia él. Me estremezco instintivamente. Pero en lugar de venir hacia mí, se vuelve y se para frente a Frank, bloqueando su progreso hacia mí.
—¿Puedo ayudarte? —Sus palabras resuenan con furia. Lo escucho claramente desde donde estoy sentada, pero de alguna manera Frank no lo registra, quien sonríe seguro de sí mismo.
—No hombre, estoy bien.
Da un paso más, y de repente Peter sujeta con una gran mano su hombro. Peter es al menos seis pulgadas más alto que Frank, y no deja caer su mano suavemente, sino más bien, la deja caer como una piedra. Frank mira a Peter y de repente se da cuenta de su mandíbula apretada. Duda por sólo un segundo, con cautela arrastrándose sobre su rostro, para ser sustituida por una sonrisa arrogante cuando se da cuenta de que sus amigos están observando.
—¿Puedo ayudarte? —Frank pregunta sarcásticamente, lo que provoca una carcajada de sus propios amigos.
—No creo que haya nada para ti en este lugar —le gruñe Peter, asustándome. Frank da un ligero paso hacia atrás, mirando nerviosamente por encima de su hombro, tratando de conservar su arrogancia—. Creo que tú y tus amigos —Peter dice con determinación—, deberían seguir adelante. No creo que éste sea un lugar ti ahora, o en cualquier momento en el futuro para el caso.
Frank traga nerviosamente, levantando sus manos en redención con una risa que tratando de sonar descuidada, que sale sonando como con pánico. Lanza una mirada perpleja hacia mí sobre el impresionantemente voluminoso brazo de Peter. —Muy bien hombre, sin daño no hay falta, ¿verdad?
Peter aún no ha retirado su mano del hombro de Frank y veo cómo lo aprieta, causando que Frank se estremezca ligeramente.
—Hoy no, de todos modos —Peter gruñe amenazadoramente, mirando hacia mí—, pero probablemente me refiero al pasado. —Se inclina hacia adelante, poniendo su rostro cerca al de Frank—. Ya no más, tampoco, ¿Capice?
Frank da una risa irregular.
—Estás bromeando ¿verdad amigo? ¿Estás protegiéndola? —escupe como si yo fuera menos que un insecto. Puedo ver como sus amigos se molestan detrás de él, ofendidos de estar apartados de su diversión. Entonces, sorprendentemente, algunos de los amigos de Peter se ponen de pie, de los del tipo de grandes jugadores de futbol, claramente no entendiendo qué está pasando, pero dispuestos a respaldar a Peter de todos modos. No se mueven de donde están parados junto a la mesa, pero los amigos de Frank de inmediato se retiran. Lo mismo sucede con Frank, alejándose del agarre de Peter. Sus ojos se precipitan hacia mí, y en esa breve mirada veo la promesa de algo peor. Con la misma rapidez mira de nuevo a Peter, con el rostro cuidadosamente en blanco mientras se da la vuelta y se aleja, tratando de retomar su descuidado pavoneo, pero fallando al menos un poco. Los amigos de Peter vuelven a sentarse, murmurando sobre los gamberros, y los otros chicos en la mesa lucen un poco impresionados por la escena que acaban de ver, que alguien quien es considerado más genial que ellos, ha sido rebajado por ésos chicos, mientras les permiten compartir la mesa del almuerzo. Un par de ellos me disparan miradas confusas, preguntándose qué hay en mí para poder haberme ganado tal defensa. Observo esto con mi visión periférica, mientras miro fijamente a Peter, impresionada. Él se vuelve hacia mí, y me mira de igual forma, con una expresión en sus ojos que no puedo descifrar. No parece estar enojado conmigo, a pesar de que su respiración sigue acelerada. Mientras observo, toma un par de respiraciones profundas, relajando su boca de la ira sombría, aflojando sus puños. Asiente tensamente hacia mí, volviendo a su lugar en la mesa. Ya no tengo hambre, pero no me muevo de mi lugar, mirando abiertamente a Peter. No puedo evitarlo. Casi pareció como si... me hubiera... protegido, como Frank dijo. Pero... ¿por qué él haría eso? Estoy confusa, perpleja. Un par de veces me da miradas ocultas, y en ésas, no puedo más que reunir una razón para que me broten alas y vuele a la luna. Por primera vez en todo el año, me paso toda la tarde esperando por la clase de fotografía. No puedo sacar de mi mente el drama del almuerzo. No importa cómo vea la situación, sigue pareciendo como si se hubiera puesto de pie por mí.
¿Por qué?
Cuando él entra al salón de clases, lo miro directamente, tratando de leer su rostro. Se detiene junto a la mesa cuando ve mi mirada interrogante, mirándome con la misma expresión ilegible que le vi antes. Un sonrojo se arrastra hasta sus mejillas, y mira hacia otro lado, apretando la mandíbula. Me da otro asentimiento tenso, por primera vez sin decirme ―hola― y de repente lo entiendo. Está molesto y avergonzado por haber tenido que defenderme, y en frente de no sólo de sus amigos, sino también de otros estudiantes, entre los cuáles la historia se ha extendido como pólvora. Lo he escuchado de otros cuando no sabían que podía oír, y la gente ha estado mirándome como si trataran de averiguar algo. Ahora obviamente, él se lamenta haberlo hecho. Las lágrimas pinchan la parte posterior de mis ojos mientras bajo mi cabeza hacia el escritorio. Por sólo un pequeño momento, había sentido la alegría de tener un ángel guardián, tener a alguien que no permitiría a alguien más ser malo conmigo. Ese par de horas de sentir esa seguridad, sólo lo hizo más doloroso al haberme sido arrebatado. Tan pronto como suena la campana, me apresuro a recoger mis libros, lista para escapar. Siento una mano atrapando mi brazo. Calor fluye desde el punto de contacto mientras permanezco quieta, mirando fijamente la mano que sostiene ahora firmemente mi brazo. La misma mano que he estudiado tanto, con la ligera cicatriz en el dorso. Su agarre es sólido, y sin embargo, lo suficientemente suave para saber que podría romper fácilmente el contacto.
—Lali —Peter dice suavemente, y mi corazón se tambalea ante el sonidode mi nombre saliendo de su boca—. Por favor, quiero decirte...
No quiero esperar a escuchar lo que quiere decir. Corro, empujando a los otros estudiantes en la puerta. Algunos me empujan mientras paso, pero me las arreglo para mantener el equilibrio.

1 comentario: